Por Moisés Cuevas

Hijos de Dios como ministros sobre la creación

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Desde la primera revolución industrial, gestada en Inglaterra desde la segunda mitad del siglo XVIII, las sociedades humanas han experimentado un desarrollo exponencial, tanto económico, social y en tamaño de población, lo que ha llevado a una crisis ambiental producto de la sobreexplotación de los recursos naturales.  Hace menos de un siglo se creía que estos recursos eran ilimitados, y por lo tanto no se medían los impactos que podría conllevar su uso excesivo, lo que hoy en día podemos ver reflejado en la extinción masiva de especies, fragmentación de hábitat, cambio climático, escases de agua, entre otros.[1]

La dinámica de extracción indiscriminada de recursos y la crisis ambiental que ha producido se atribuye como culpa a la cultura judeocristiana, debido a que las principales naciones que han ejercido la sobreexplotación de recursos poseen esta herencia cultural, y también a la interpretación del mandato de Dios a la humanidad de ejercer dominio sobre la creación[2] como una licencia divina para hacer uso de ésta sin restricción, ya que se dice estar “a disposición de la humanidad”[3].

Sin embargo, el llamado de Dios a la humanidad es completamente distinto a la interpretación anterior, debido a que el ejercer dominio implica una acción de administración, de mayordomía. El ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios cumplía el rol de ser su representante en este plano terrenal y debía ejercer una labor de sacerdote y ministrar a la creación, por tanto, la faceta del hombre como explotador tiránico que busca satisfacer sus necesidades materiales son más bien propias de la mentalidad del hombre caído que busca ser servido, mientras que en la mentalidad de Cristo, el propósito es servir y administrar con sabiduría la herencia que Dios nos confió.

En efecto, la interpretación del mandato de Dios a la humanidad en su relación con el medio ambiente debe ser entendida en el contexto bíblico completo, en donde Dios demuestra su carácter bondadoso hacia su creación en numerosas ocasiones y reprueba la violencia contra esta. Como se puede apreciar en Apocalipsis 11:18, en donde dice que el Señor destruirá a quienes destruyen la tierra[4], o en Jonás 4:11 donde Dios se compadece de la ciudad de Nínive, donde vivían más de 120.000 personas y muchos animales, los cuales considera en su misericordia[5], o también en Deuteronomio 5:14 donde Dios establece como mandamiento guardar el día de reposo, en el que incluye el descanso de los animales de trabajo[6], y así en muchas ocasiones más. Por lo tanto, la cultura del Reino de Dios en ningún momento avala acciones dañinas a la creación, sino que invita al cuidado de ella y a su restauración.

Dios forma a Adam del polvo de la tierra no por azar, sino porque haría que la tierra fuera parte de él, dándole autoridad para ministrarla. Y así como Cristo se hizo hombre para ser nuestro sumo sacerdote, tomando parte con nosotros y por medio de esto ser redimidos en su vida y resurrección[7], de forma similar, la creación clama por la manifestación de los Hijos de Dios, pues son ellos, formados del polvo de la tierra, quienes poseen autoridad para restaurarla.

La respuesta a la crisis ambiental que vivimos hoy en día debe provenir de los Hijos de Dios, de aquellos que no busquen reflejar una cultura judeocristiana clásica como ha sido entendida hasta ahora, sino la cultura del Reino de Dios en donde estamos para servir y no para ser servidos, que en lo que podamos tomar de la tierra pueda ser administrado en sabiduría, justicia y misericordia. El primer paso que como iglesia debemos dar es amar genuinamente a la creación, luego de esto, las ideas innovadoras y diseños benéficos para la tierra fluirán de parte de Dios para suplir allí donde haya necesidad.

Romanos 8:19-22 “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora”.

 

 

Moisés Cuevas Cortés
Estudiante de Ingeniería en Recursos Naturales Renovables
Universidad de Chile

 

 

[1] Lucas, R. 1996. La revolución industrial: Pasado y futuro. Estudios públicos N°64, primavera, 5-26.

[2]Génesis 1:28 y los bendijo con estas palabras:«Sean fructíferos y multiplíquense;llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo,y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo» (NVI)

[3] Cárdenas, F. 2008. Crisis ambiental y cristianismo. Instituto de Humanidades, Universidad de la Sabana. Teología y Vida, Vol. 46(4). 771-797.

[4] Apocalipsis 11:18 Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra. (RVR 1960)

[5] Jonás 4:11 ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?(RVR 1960)

[6] Deuteronomio 5:14 mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú.(RVR 1960)

[7] Hebreos 2:17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.(RVR 1960)

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