Por Camila Olivares

No pasemos por alto una herida tan profunda: Abuso sexual Infantil

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La familia está puesta de parte de Dios para brindarnos seguridad y enseñanza, mas es común ver hoy en día, no sólo la destrucción de la misma, sino también la forma como el infierno utiliza esta hermosa institución para labrar profundas heridas en el alma de los niños.[1]

Cuando hablamos de abuso sexual infantil, se piensa que el abusador es alguien lejano al niño, pero esto no es así, en gran parte de los casos el abusador forma parte del círculo cercano. Según datos de 2017 de la Fiscalía Nacional, el 80% de los abusadores sexuales son familiares. Es impresionante cómo el enemigo utiliza personas cercanas a los niños para causar heridas, dolores y traumas profundos. Son personas que tienen toda la confianza del niño, incluso pudiendo ser una figura significativa para él. Las tinieblas buscan adueñarse de los niños porque saben que son un potencial arma en las manos de Dios.

Dentro de los hechos de maltrato infantil, que son constitutivo de delito de acuerdo a la ley N° 19.927 de delitos sexuales, se considera la agresión sexual. Esta puede ser manifestada en violación, el estupro, el abuso sexual, sodomía, exposición a niños/as a actos de significación sexual y pornografía infantil[2]

Cuando un niño es abusado, el trauma genera que quede en una situación de impotencia respecto a diferentes áreas de su vida, incluso puede que no recuerde explícitamente que fue abusado, pero eso no implica que no haya un efecto en su alma. Existen indicadores psicológicos, físicos y conductuales que se manifiestan en los niños cuando son abusados sexualmente: presentar enuresis[3] luego de haber controlado esfínter, encopresis[4], conductas agresivas que externalizan el conflicto, juegos sexuales inadecuados con niños, con juguetes o con su propio cuerpo, temor exacerbado a los hombres (cuando la víctima es niña y el ofensor, hombre), conductas regresivas, aislamiento, depresión, desconfianza en especial hacia figuras significativas[5].

Es probable que, al leer y pensar en el abuso sexual infantil, no se nos ocurre que pueda pasar dentro de familias cristianas y, por ende, en nuestras congregaciones, pero esto pasa más de lo que podríamos pensar. En efecto, hace algunos días se desarrolló en Oikonomos un módulo de los Laboratorios de ideas, que versó sobre la infancia y el rol social de la iglesia. En esta instancia, Freddy Villarroel, director de Betesda, una fundación que realiza talleres de prevención de abuso sexual infantil, señalaba que realizaban un número considerable de denuncias de abuso sexual infantil perpetradas al interior de iglesias evangélicas. Lamentablemente, no hay un catastro de las denuncias realizadas, lo cual nos desafía a ser más diligentes para que no se invisibilice lo que está ocurriendo dentro de algunas iglesias evangélicas. Incluso, en ocasiones no hay denuncia por parte de los miembros de la iglesia, aún sabiendo que dentro de una congregación hay personas que vienen a dañar a parte importante del cuerpo de Cristo: a los niños.

Este es un llamado a los padres, para que se informen acerca de quiénes son los maestros que le están enseñando a sus hijos. Es un llamado a la iglesia para no pasar por alto los abusos que hemos sospechado o incluso visto. Porque si uno de los niños es destruido por las acechanzas del diablo, si son dañados profundamente, si necesitan restauración ¡No podemos pasarlo por alto! Es nuestra responsabilidad que ellos sean restaurados. Los niños abusados necesitan oír que Jesús los ama, que él murió por todas sus heridas, y que él puede restaurar completamente sus vidas. No podemos excusarnos diciendo que “son demasiado pequeños”, “lo abusaron a los dos años, no lo va a recordar”. Es necesario que los niños puedan restaurar su fe genuina y recibir libertad.

Es probable que a causa del trauma el niño sienta vergüenza de sí mismo, debido a que el abusador le robó parte de su dignidad, así como Mefiboset expresa “no valgo más que un perro muerto”. Sin embargo, es Dios quien invita a los niños, al igual como lo hizo con Mefiboset, a ser restaurados a través de la devolución de sus posesiones (herencia e identidad) y su dignidad (comer en la mesa del Rey)[6]. Dios quiere devolver la identidad a los niños para que no sientan vergüenza del trauma y que además se sientan con la libertad de comer en la mesa del Rey.

La familia y la iglesia son dos instituciones que Dios ha creado para que logremos proporcionar ambientes de amor, seguridad, identidad y propósito. Por lo tanto, no podemos dejar que estos ambientes se conviertan en lugares donde se gestan heridas, inseguridades, temores y despropósito en los niños. Somos el instrumento por el cual el Padre multiplica su semilla y su nombre, por tal motivo no debemos mostrarnos indiferentes ante las vulneraciones hacia los niños.

Son los padres, maestros de niños, pastores, profetas, los que tienen la responsabilidad de guiar a los niños a la sanidad y restauración. Pero no podemos sentarnos frente a ellos y solamente orar, los niños necesitan ser ministrados a través del mismo lenguaje que ellos utilizan día a día de forma espontánea: el juego. Es el Espíritu Santo quien nos guía y derrama sobre nosotros creatividad, por eso no dejemos de escuchar su voz. No podemos dejar pasar por alto, una herida tan profunda: el abuso sexual infantil.

En aquella hora, los discípulos se acercaron a Jesús, diciendo: Entonces, ¿quién es el mayor en el reino de los Cielos? Y llamando a un niñito, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo: Si no fuerais transformados y llegarais a ser como niñitos, de ningún modo entraréis en el reino de los Cielos. Por tanto, cualquiera que se humilla como este niñito, ése es el mayor en el reino de los Cielos, y cualquiera que reciba en mi Nombre a un niñito como éste, a Mí me recibe. Pero cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en Mí, mejor le es que sea colgada a su cuello una piedra de molino de asno, y sea hundido en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es inevitable que vengan los tropiezos, pero ¡ay del hombre por quien viene el tropiezo![7]

 

Camila Olivares Lavados
Terapeuta Ocupacional Licenciada en Ocupación
Programa de protección especializada para NNJ con
consumo problemático de alcohol y/u otras drogas. 

 

[1] Orihuela, F. (2012). Hijos del Trueno. p.,246. Buenos Aires: Ríos de Agua Viva.

[2] SENAME. (2015). Orientación Técnica Línea Programas de Protección Especializada Maltrato y Abuso Sexual Grave (PRM).

[3] Se entiende por enuresis la emisión involuntaria de orina.

[4] Se entiende por encopresis la emisión involuntaria de heces.

[5] UNICEF. (2015). Abuso sexual infantil: Cuestiones relevantes para su tratamiento en la justicia. p.,79

[6] Orihuela, F. (2012). Hijos del Trueno. p. 244-256. Buenos Aires: Ríos de Agua Viva.

[7] Mateo 18:1-7, BTX.

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