por Ángelo Palomino

Responsabilidades e irresponsabilidades cívicas de los cristianos

ANGELOEstando ad portas de un nuevo e importante proceso eleccionario en Chile, con una campaña reñida, electoralmente muy estrecha y que ha suscitado una significativa atención pública, no resulta trivial reflexionar sobre las responsabilidades (e irresponsabilidades) cívicas de aquella parte de la población que constituye cerca de un 17%: los cristianos.

Consideremos primero el escenario. El contexto actual de la democracia y la política chilena ha estado cargado de problemas y críticas durante los últimos años, deviniendo en un claro desprestigio y descredito. Algunos de los principales problemas son; el alto nivel de abstención o la falta de participación de la ciudadanía en las votaciones; el gobernar o legislar más a favor de partidos, grupos o políticos particulares, antes que a favor de los ciudadanos, produciendo una distancia enorme entre los representantes y los representados; los continuos casos de corrupción que involucran una ilícita relación entre dinero y política, e implican una falta de transparencia en las instituciones públicas.

En un momento en que muchos cristianos y congregaciones buscan involucrase activamente en política, este panorama crítico no puede obviarse. Especialmente porque necesitamos ser más críticos para reconocer que, en alguna medida, la Iglesia ha sido responsable de estos problemas, ya sea por discurso, omisión o falta de acción.

Por décadas se predicó en los templos que los cristianos no debían involucrarse en política ni en los asuntos públicos de sus naciones, pues debían apartarse de estos aspectos mundanos y diabólicos, para ser santos. Es precisamente esa postura, que demonizaba la política, la que contribuyó a la práctica de la abstención y la falta de participación. También, en no pocos casos, muchas congregaciones han funcionado bajo un diseño organizacional profundamente piramidal que genera “seguidores” alejados de una “cúpula de líderes” que tiende a confundir los intereses del Reino de Dios con los intereses propios. Tampoco hemos contribuido significativamente a generar un clima de transparencia, especialmente en relación al uso de las finanzas. En consecuencia, estas prácticas al interior de los templos, no ha favorecido la generación de mejores prácticas en los asuntos públicos y políticos de nuestras naciones.

A pesar de lo anterior, debiéramos ser mejores ciudadanos, siendo un verdadero aporte al espacio público, pues, como cristianos, no estamos exentos de las responsabilidades cívicas propias del resto de los ciudadanos. En efecto, la Biblia nos atribuye una suerte de “doble responsabilidad” cívica, tanto natural como espiritual. Por un lado, debemos votar y elegir correctamente a nuestras autoridades, respetar y someternos a dichas autoridades[1], pagar correctamente los impuestos que contribuyen a las finanzas públicas y buscar el bienestar y la paz de nuestra sociedad. Pero, por otro lado, también debemos ministrar espiritualmente nuestra nación, especialmente en tiempos electorales y, particularmente, orar y pedir a Dios por las autoridades políticas, ya sea que estén en ejercicio o en tiempo de candidaturas. Con todo, estas no son sino responsabilidades básicas que tenemos como cristianos en relación a nuestra vida cívica.

“Además, escogerás de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces que aborrezcan las ganancias deshonestas, y los pondrás sobre el pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez”

Éxodo 18:21 (LBLA)

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.”

Romanos 13:1 (RVR1960)

“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.”

Romanos 13:7 (RVR1960)

“Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado, y rogad al SEÑOR por ella; porque en su bienestar tendréis bienestar.”

Jeremías 29:7 (LBLA)

“Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad”

1 Timoteo 2:1-2 (LBLA)

Estando a tan pocos días de una elección presidencial, en una situación donde no pocos cristianos buscan aportar con una política distinta y donde muchas iglesias quieren hacer oír su voz y que su opinión sea considera en el ámbito público y político, debemos hacernos cargo de nuestras irresponsabilidades cívicas: de aportar a la abstención, de generar diseños organizacionales incorrectos y de no contribuir a una mayor transparencia. Pero también es un tiempo de empezar a hacernos cargo de nuestras responsabilidades cívicas, tanto naturales como espirituales, votando y participando, respetando a las autoridades, pagando los impuestos, buscando el bienestar de nuestra sociedad y orando tanto por los procesos como los actores políticos.

Ángelo Palomino
Licenciado en Estudios Internacionales y Analista en Políticas y Asuntos Internacionales de la USACH,
Magister en Relaciones Internacionales, Seguridad y Defensa de la ANEPE

[1] Ciertamente, el sometimiento a las autoridades civiles tiene límites: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:29). De modo que, cuando el obedecer a una autoridad humana implica desobedecer a Dios, como cristianos, debemos preferir desobedecer a las autoridades civiles y no a Dios.

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