Para discipular a todas las naciones: UN CRISTO SUPREMO

Para que los creyentes recuperen la influencia que Dios quiso que ejercieran en todas las esferas de la vida, necesitan una mayor revelación de Cristo. Usted dirá “Jesucristo es el Hijo de Dios, nacido de una virgen. Gracias a su muerte en la cruz y al perdón de mis pecados, Él es Salvador de mi alma”. Y realmente dice la verdad. Sentimos que sabemos quién es Jesús, pero este Jesús es muy “pequeño”. Para recuperar influencia, como generación de cristianos, tenemos que habérnoslas con su identidad, entender el tamaño del Jesús de Pablo.

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Éste, por ejemplo, deseaba que los colosenses dejaran atrás los elementos básicos del evangelio establecidos en sus vidas (Col. 1:9-14). Él quiere que ellos avancen de la salvación al conocimiento de la voluntad de Dios, que muestren sabiduría y entendimiento en sus vidas diarias. Quiere que conozcan aquello que les hará eficaces “en toda buena obra”. Porque Jesús es más que un Salvador, y para que ellos puedan vivir una vida “digna de Él”, van a necesitar una mayor revelación de su absoluta supremacía sobre todas las cosas.

¡Porque Cristo creó todas las cosas! ¡En el cielo y en la tierra! ¡Todo lo visible y lo invisible! ¡Él es supremo en todo! ¿Qué significa esto? Significa que no hay tal cosa como mundo “secular” y mundo “sagrado”. Todas las cosas pertenecen a Cristo. Las cosas temporales de la vida no son menos importantes que las cosas eternas, porque todas las cosas le pertenecen a Él. Esto significa que el evangelio no solo trata de la salvación y de cómo Cristo nos salva, sino que el mensaje también trata del poder reconciliador de Dios en todos los ámbitos de la vida: familias, comunidades y naciones. ¿Qué ha reconciliado la cruz de Cristo? ¡Todo! Todo lo que hay en la tierra y todo lo que hay en el cielo. Cristo ha hecho la paz con cada parte de su creación a través de sí mismo.

Jesús es el Señor de todo; es Señor del llamado mundo “espiritual” y del material; es el Señor de todos los asuntos sociales. Dado que Él es el Señor de todo, no hay nada “secular”. Porque todas las cosas fueron creadas por Él y para Él, todo le pertenece. Esto significa que al predicar solo la salvación perdemos la mayor parte del mensaje del Reino de Dios. La salvación es esencial, pero solo es la entrada al Reino: no es el objetivo ni el propio reino. Al hacer de ella la meta se pierde buena parte del mensaje de Dios, haciendo que seamos la iglesia más extensa de la historia, pero la más débil por lo que se refiere a influir realmente en vidas, comunidades y naciones evangelizadas.

Debemos destruir el pensamiento dualista que se nos ha enseñado y recuperar el evangelio del Reino. Entonces, y solo entonces, no ya nuestras palabras, sino acciones e influencia darán testimonio de la absoluta supremacía de Cristo y su mensaje. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo restaurar la mentalidad cristiana? ¿Cómo recuperar el evangelio del Reino? A mí me parece que hay dos Reinos, dos cosmovisiones. En uno, Jesús es Señor de todo, en el otro, no. Desde la perspectiva divina de la realidad, todo está integrado bajo su autoridad suprema. Las demás cosmovisiones tienen una concepción dividida de la realidad. Entonces, la única manera de vivir en la luz del reino es integrar todo lo que cae bajo el señorío de Cristo. Es necesario unir los elementos del Reino de Dios separados por causa del pensamiento dividido. Es necesario disipar las tinieblas de nuestras mentes rechazando el concepto de lo secular y lo sagrado, el dualismo de un mundo perdido. Dios no solo es justo, o misericordioso; es justo y misericordioso. No es el Señor del cielo, o bien de la tierra; es Señor de cielo y tierra. No se preocupa más de lo invisible que de lo visible, de lo no-visto que de lo visto. Él es Señor de la ciencia y de la oración. No es ajeno a nuestros intereses ecológicos; Él es autor y perfeccionador de todos ellos. Este Cristo no hace caso omiso a la justicia terrenal con preferencia de la celestial. Él sufre con los que sufren y pide a su pueblo que defienda a los que no tienen voz. El desafío es escucharle y hacer lo que Él nos mandó con integridad.

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Extraído del libro “El Modelo De Transformación Social Del Antiguo Testamento”, pp. 165-169. Tomado con autorización.

LANDA COPE, es decana fundadora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de las Naciones de Juventud con una Misión (JUCUM). Diplomada en Arte y Educación y Licenciada en Humanidades y Estudios Internacionales. Para mayor información visite http://www. templateinstitute.com.

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