Por Alejandro Sánchez

Informalidad y migración en Colombia: un vistazo a la situación de los inmigrantes venezolanos

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Alrededor de los años 70’, durante el boom petrolero, la migración de colombianos hacia Venezuela era de gran magnitud. Esto hizo que la economía venezolana tuviera dinamismo en los diferentes roles o empleos que muchos de sus autóctonos no ejercían. Hoy en día, el éxodo de venezolanos hacia Colombia es mucho más grande, ya que también usan este país como paso para otros, por ejemplo, Ecuador. Por lo cual, es fácil ver grupos de venezolanos a pie en las carreteras de Colombia.

El aumento de venezolanos que actualmente están migrando hacia Colombia ha sido contemplado como un desafío para la sociedad colombiana. Según estudios del Alto comisionado para los refugiados (ACNUR), la reacción de muchos colombianos hacia los migrantes venezolanos es negativa, debido principalmente a las repercusiones de esta situación en la economía colombiana.

Según un estudio de la OIM de 2017, del total de los inmigrantes en Colombia, un 65% provenía de Venezuela. En un balance del registro administrativo de migrantes venezolanos en Colombia (RAMV) que presentó la gerencia de la frontera colombo-venezolana en octubre del 2018, hay más de un millón de migrantes que permanecen en Colombia, en condición regular (permisos o visas) e irregular. Estas cifras son el doble del año 2017.

Muchos venezolanos ofrecen su trabajo a pagos muy bajos; trayendo consigo una competencia, en este caso, desleal, frente a los trabajadores colombianos. Igualmente, esto amplía la población que está buscando empleo, engrosando la oferta laboral en Colombia. Trayendo consigo, una proporción de ocupados que optan por la informalidad y que dañan poco a poco el crecimiento de la economía, incentiva la corrupción y aumenta la falta de garantías en temas de empleo.

Por otra parte, lamentablemente muchos otros inmigrantes se dedican a la prostitución. Aun con estudios universitarios y técnicos, son muchas las mujeres venezolanas que lo hacen. Cerca del 35% de las personas según un estudio realizado por la Secretaría Distrital de la Mujer y el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género de Bogotá. Otros de sus ciudadanos optan por bandas delincuenciales y la mendicidad para continuar su tránsito hacia otros países.

Pero, más allá de estas observaciones y preocupaciones de la sociedad colombiana ¿Cómo puede la iglesia mirar esta compleja situación migratoria? Ciertamente, la nación de Venezuela afronta un tiempo difícil. Sus ciudadanos corren frente al régimen. Pero en año de Jubileo, el Padre extiende su misericordia sobre aquellos que están siendo sacudidos.

“Si tu hermano empobrece y se halla en penuria a tu lado, tú lo sostendrás, aunque sea extranjero y forastero, para que pueda restablecerse junto a ti”[1].

Por ofrecer un ejemplo, hace poco, en la ciudad de Cali, a un grupo de venezolanos que estaban asentados a la orilla del río Cali y cerca de la terminal de transporte de la ciudad, un restaurante les regaló el almuerzo del día. Muchos de ellos no tienen qué comer y brindarles algo puede ser de mucha ayuda.

Como Iglesia, podemos extender la mano a aquellos que hoy están sufriendo. Hemos entrado como nación en tiempos de restauración y esa misericordia con la que el Padre nos vio, la podemos extender, para que hoy los que son extranjeros en nuestra tierra no tengan que recurrir a situaciones vergonzosas.

 

Alejandro Sánchez
Estudiante de economía con énfasis en políticas públicas.
Universidad Icesi, Colombia

[1] Levítico 25: 35

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