Por Mariela Alvarado

Pasado, perdón y futuro

Compasion-y-autocompasion

Hoy por hoy me he visto constantemente enfrentada a una realidad, a lo largo de nuestra vida seremos lastimados, por alguien, algo, una palabra o una situación, podemos sentir que nos deshonraron, o peor, que nos dejaron vacíos. Esta dinámica es constante en nuestra cotidianidad, desde el plano más sencillo, como aquella señorita con tacos que pisó mi pie en el metro, hasta la traición de ese amigo que jamás apercibí. Aún más en estas fechas en las que la conmoción del pasado, por uno de los quiebres más grandes que sufrió nuestra nación, toma un papel protagonista, por toda la capital se extiende un manto de luto, de ira y dolor, el pasado mismo extendiendo sus manos para marcar el futuro. Necesitamos recuperar el perdón como una forma de redención social, comprender que el perdón beneficia a quién lo ejercita, encarrila lentamente el rumbo del corazón, para que al cambiar de posición, cambie su perspectiva.

Si la puerta está abierta el primer paso a dar es perdonar, para abrir nuestro corazón, que se oxigene la herida y pueda comenzar a sanar, es el comienzo de un proceso que puede llegar a ser doloroso, pero trae el más dulce de los frutos, la ruptura del ciclo de  estancamiento entre la tristeza, la amargura y el dolor, que en reiteradas ocasiones se ha convertido en la dinámica donde se desenvuelve nuestra vida, un bucle del cual es difícil escapar; Y es que quizás nos falta comprender el valor que puede tener para una generación perdonar, la trascendencia que tiene tomar una decisión con valentía.

Está en nuestra mano dejar ir, eso que nos hiere, las palabras, los momentos que marcaron nuestra vida, salir de esas presiones, para alcanzar la plenitud del Shalom en el que el Padre desea que vivamos siempre, como el ejemplo de su hijo, que dio todo para pagar nuestra deuda, así su promesa sobre nosotros es que mientras perdonemos, su perdón se extiende sobre nosotros.

Por mi parte, constantemente he escuchado decir que valientes son aquellos que alzan la voz para defenderse. Pero yo creo que valiente es aquella mujer que perdió a su hijo en una injusticia, cuyo corazón quizás nunca vuelva a ser el mismo, pero que decide extender su mirada, para dejar ir, liberarse del peso y del dolor y proclamar con su vida que el pasado, cubierto por el perdón, es la plataforma para seguir corriendo.

Mariela Alvarado Gijón
Estudiante de enfermería, Universidad de Chile

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