Por Angélica Sagardía

Una sociedad con Alzheimer

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Hace algunas semanas, revisando mis redes sociales, me encontré con una historia que a mi parecer nos hace reflexionar en gran manera sobre la vejez en nuestro país. Se trataba de un amigo que luego de salir de su trabajo con su familia, encontró a un abuelito perdido, caminando solo y sin un rumbo fijo por una de las principales rutas de Santiago. A causa de esto se encontraba deshidratado, cansado y sus pies estaban quemados de tanto caminar. Lamentablemente padecía de Alzheimer. Ante este panorama decidió llamar a las autoridades para encontrar a su familia o una solución que pudiera mejorar la situación, pero al no tener una respuesta positiva ni colaborativa, decidió brindarle ayuda a esta persona de tercera edad.

Finalmente, por sus propios medios dio con el domicilio de este abuelito, así que pensando en que su familia estaría preocupada por él y que seguramente lo estarían buscando, lo llevó lo más pronto posible a su hogar. Cuando llegó al lugar en donde vivía, se encontró con un escenario totalmente opuesto a lo que había imaginado, ya que al solo hablar con sus familiares notó de inmediato su desinterés y despreocupación por el abuelito que sufría de Alzheimer. Este buen samaritano en su publicación hace notar que no le dieron ni las gracias por llevarles devuelta a su hogar a la persona que quizás llevaba días sin aparecer, pasando frío, hambre, peligro y sin ninguna atención básica que necesita una persona en su condición, incluyendo el necesario amor que puede brindar una familia.

Después de leer esta preocupante historia y de revisar algunos reportajes que han sido emitidos por los medios de comunicación, haciendo hincapié en el gran problema que tenemos en Chile respecto a los temas pendientes que existen con la tercera edad y la salud mental, me preguntaba: cuando vemos estos casos de abandono, ¿quién realmente sufre de Alzheimer? ¿Son acaso esos abuelitos que por su larga edad y sin pedirlo fueron diagnosticados con esta enfermedad? ¿O somos nosotros que como sociedad los hemos olvidado? Yo me arriesgaría a decir (lamentablemente) que somos nosotros los que estamos olvidando a esas antiguas generaciones que sembraron lo que hoy nosotros podemos cosechar.

Una sociedad con Alzheimer es una sociedad que  olvida a sus adultos mayores y que tiende a reflexionar en su bienestar solo en clave económica: si tienen más o menos pensión, pero no más amor familiar y/o relaciones afectivas. Tengo la convicción de que no solo podemos pensar en mejorar la vida de una persona con dinero o cosas materiales, sino que una necesidad básica para una vida de calidad es también el amor, los cuidados, la salud (física y espiritual), las contenciones emocionales, el cobijo y todo lo que involucra el amar al prójimo como a nosotros mismos.

Nuestros adultos mayores son aquellos padres, madres, abuelos, abuelas, tíos y tías que nos vieron nacer, cuidaron de nosotros, nos dieron apoyo, cobijo, educación, nos alimentaron y un sin fin de cosas más que involucra el nacimiento y crecimiento de un niño, por lo tanto ellos se merecen honra (Efesios 6:2-3) y el mismo o mejor apoyo en estos momentos, y no ser considerados como personas que ya no aportan para nada.

Esta historia me hace pensar en un versículo bíblico muy conocido pero que a veces cuando nos enfrentamos a una situación como la de este joven olvidamos:

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)

¿Qué pasaría si fuésemos nosotros en unos años más los que nos vemos perdidos en un lugar, sin orientación y quizás sin saber quiénes somos? ¿Nos gustaría ser ayudados u olvidados? ¿Es Chile un país solidario de verdad? Siempre se destaca esta última cualidad en nuestra nación, especialmente frente a catástrofes nacionales, pero ¿qué pasa cuando es nuestro vecino el que necesita ayuda? ¿Cuándo vemos  que alguien se cae en la vía publica? ¿Solo somos espectadores, miramos para otro lado y olvidamos la situación? O ¿somos solidarios y empatizamos con la dificultad del prójimo?

La solidaridad no es solo aportar en clave económica y pensar que esa es la solución a todos los problemas, sino más bien es el apoyo incondicional (económica, emocional y espiritual) a una causa ajena en momentos difíciles. Como sociedad hemos olvidado el respeto, la solidaridad, la contención, la empatía y un sinfín de cosas más que en este momento son valores de antaño.

¿Qué posición adopta usted ante diferentes situaciones de la vida? Es parte de una sociedad con Alzheimer que olvida y obvia las dificultades de los demás y las deja pasar o ¿se involucra con la necesidad de su prójimo y es un agente de cambio en tiempos en donde la prioridad somos solo nosotros mismos?

Angélica Sagardía

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