Por Marcelo Alvarado

Honra y vejez

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Conversando con un paciente, me hacía ver su preocupación del como la salud determina el fin de los días. Le preocupaba el tema de las demencias y no ser autovalente. Me preguntaba como va ser ese miedo, esa preocupación de darse cuenta que tu cabeza ya no funciona antes de caer en una demencia avanzada y cómo será el dolor de esas personas que su cabeza está bien pero no pueden valerse por sí misma.

Esto me hizo pensar varias cosas; ¿tendré la fortaleza de carácter para formar un familia y criar a mis hijos de forma correcta?, ¿tendré la fuerza para cumplir el propósito con el fui creado?, ¿Estoy cuidando mi cuerpo lo suficiente para envejecer bien y así terminar mis días jugando con mis nietos de rodillas, o siendo socio del servicio de salud?

Una de las ideas que dio vueltas en mi cabeza fue el tema de los propósitos, entendiendo que cada uno de nosotros fue creado con un propósito, ¿qué pasa con los planes que el Padre depositó en aquellos que no dejaron formar su corazón?, ¿quién es el que toma esa posta, esa semilla y se encarga que sea abundante en fruto? ¿Serán sus hijos o nietos quienes se encarguen de tomar la posta que las antiguas generación dejaron?, ¿seremos nosotros lo encargados de cuidar a esta generación que se despide?

Como ya sabemos el envejecimiento es proceso continuo e irreversible que conlleva cambios psicológicos y biológicos  que  limitan el funcionamiento y ameritan cuidados. Este cuidado que debe ser entregado por lo hijos, es la honra que le debemos a nuestros padres, a nuestros abuelos. Debemos tener un corazón sano, un corazón como el del Padre. Así amar a nuestros ancianos tal como él nos amó a nosotros. De esta forma dejaremos de ver ancianos abandonados, quebrados, ignorados, maltratos.

También es importante considerar los motivos del abandono de muchos ancianos, algunos de ellos radican en relaciones quebradas con su familia, y son ellos (nuestra familia) la principal de red de apoyo cuando lo necesitamos. Es su falencia lo que desencadena el abandono y muchas de las problemática sociales que actualmente existen. Lo que nos deja un importante proceso que vivir; primero sanar nuestro corazón, ayudar que el Padre sane el corazón enfermo, mostrar que el padre es el único consuelo y dar honra a quien la merece. De esta forma generamos un quiebre y contribuiremos a la solución de esta problemática nacional.

Después de esta corta reflexión sobre la vejez y la honra, lo que podemos hacer es vivir la solución: tener relaciones sanas con nuestras familias, honrar a nuestros viejos, tener un corazón sano, para hacer vida en nosotros la palabra de nuestro buen Dios. También invitarlos a crear sistemas, propuestas de políticas públicas, clubes de adulto mayor, consejos municipales y así crear una red para dar apoyo a quien lo necesita. También amonestarlos para que escuchen a sus adultos, a darles un trato digno, a nunca dejarlos solos.

 

Marcelo Alvarado
Kinesiólogo, Universidad Santo Tomás
Diplomando en Enfermedades respiratorias del
niño y del adulto, Respira Chile – U. Andrés Bello

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