por Ángelo Palomino

Migraciones: una perspectiva bíblica

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Uno de los temas de mayor preponderancia en la escena nacional e internacional es el tema de las migraciones. En efecto, la movilidad humana entre países constituye una gran preocupación en la agenda mundial, consecuencia de ello son los numerosos acuerdos bilaterales entre los Estados para regular estos procesos sociales e inclusive la existencia de una organización internacional dedica a este asunto: la OIM (Organización Internacional de las Migraciones). Asimismo, la temática ha estado presente en el plano doméstico de los países, en sus legislaciones internas, en las discusiones de su sociedad civil y los espacios de deliberación y decisión política interna.

En este cuadro, surgen distintas perspectivas o visiones acerca de las migraciones que, a su vez, sostienen distintas políticas públicas en la materia. En general, esas visiones pueden resumirse en tres: una primera aproximación que ve al inmigrante como una amenaza a la seguridad nacional, ya sea por su comportamiento delictual, por su ideología adversa al orden social o por las consecuencias negativas en la economía y el empleo de los nacionales. Una segunda mirada economicista que ve al inmigrante como un elemento beneficioso a la economía, en tanto consumidor y mano de obra (generalmente barata) para competir en el mercado laboral. Por último, una tercera perspectiva desde los derechos humanos, que intenta superar la mirada del inmigrante como amenaza y como objeto de la economía, para ser tratado como persona humana por encima de las barreras discriminatorias sociales o legales.

De igual manera, hay una perspectiva cristiana sobre las migraciones. La iglesia también tiene una visión que debe plantear y sostener activamente en los distintos espacios de deliberación y de decisión, tanto sociales como políticos. Especialmente en un contexto que en que nuestro país cuenta con una desactualizada ley de migraciones que data de 1975 y que presenta un enfoque de seguridad nacional, viendo al inmigrante como amenaza. Los últimos intentos por cambiar la ley responden al proyecto del ex presidente Piñera, con claro enfoque economicista o el último proyecto que ha estado siendo preparado en el actual gobierno de Bachelet, que supone un enfoque de derechos humanos.

Entonces, en este contexto de discusión pública, ¿cómo debiera ser el comportamiento, la perspectiva y las políticas públicas que como iglesia debiéramos proponer en el área de las migraciones internacionales? Debiera ser una que esté enfocada en la manera en cómo Dios mira al inmigrante o extranjero, de lo cual la Biblia nos da bastante luz. En efecto, a lo largo de las escrituras vemos una actitud de especial cuidado por algunos grupos humanos que, por sus características, condiciones o vulnerabilidad, requieren de una mayor atención. En estos grupos humanos están, además de los pobres, los huérfanos y las viudas, los inmigrantes.

Dios ama, protege y pide la aplicación del derecho y la justicia sobre el extranjero. Sobre los creyentes demanda amor, hospitalidad, empatía y cortesía.

 “El hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra su amor al extranjero dándole pan y vestido. Mostrad, pues, amor al extranjero, porque vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto”[1].

“El SEÑOR protege a los extranjeros, sostiene al huérfano y a la viuda, pero trastorna el camino de los impíos”[2].

“Así dice el SEÑOR: ‘Practicad el derecho y la justicia, y librad al despojado de manos de su opresor. Tampoco maltratéis ni hagáis violencia al extranjero, al huérfano o a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar”[3].

“No oprimirás al extranjero, porque vosotros conocéis los sentimientos del extranjero, ya que vosotros también fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto”[4].

Esta perspectiva de las migraciones basada en la Biblia y que demanda amor por los inmigrantes, es contraria a la discriminación y la xenofobia, dado que, por un lado, reconoce la dignidad de los seres humanos al haber sido creados a la imagen y semejanza de Dios y, por otro lado, reconoce la igualdad y equidad de todas las razas debido a su única procedencia genética, volviendo obsoleta la posibilidad de la discriminación racial.

“Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación”[5].

Ahora bien, esta perspectiva no se detiene solo en el amor, protección y no discriminación. También plantea la equidad en relación a los derechos que poseen tanto los nacionales como los inmigrantes. De modo que, cuando alguien se pregunta si los inmigrantes debieran tener los mismos derechos que los nativos, por ejemplo, en relación a salud, educación, vivienda, u otros, la respuesta de esta perspectiva bíblica sería un rotundo sí. No podríamos estar a favor de aplicar una suerte de derecho diferenciado, ni transformarlos en ciudadanos de segunda categoría.

“El extranjero que resida con vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto; yo soy el SEÑOR vuestro Dios”[6].

Una sola ley regirá, tanto para el nativo como para el extranjero. Yo soy el SEÑOR su Dios”[7] (NVI).

“Y en aquella ocasión mandé a vuestros jueces, diciendo: ‘Oíd los pleitos entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre un hombre y su hermano o el forastero que está con él. No mostraréis parcialidad en el juicio; lo mismo oiréis al pequeño que al grande. No tendréis temor del hombre, porque el juicio es de Dios. Y el caso que sea muy difícil para vosotros, me lo traeréis a mí, y yo lo oiré’ “[8].

“Y si un forastero reside entre vosotros y celebra la Pascua al Señor, conforme al estatuto de la Pascua y conforme a su ordenanza lo hará; tendréis un solo estatuto, tanto para el forastero como para el nativo de la tierra[9]“.

Una sola ley habrá, una sola ordenanza, para vosotros y para el extranjero que reside con vosotros”[10].

“La misma ley se aplicará tanto al nativo como al extranjero que habite entre vosotros” [11].

En consecuencia, hay una perspectiva bíblica sobre las migraciones, cuyos principales elementos dicen relación con el amor, la protección, la no discriminación y la equidad de derechos. En tiempos en que esta materia se discute álgidamente a nivel mundial y también nacional, resulta menester considerar esta perspectiva bíblica que visiona un Chile que acoge a las naciones, amando, protegiendo, no discriminando y otorgando equidad y justicia a los cerca de medio millón de inmigrantes que viven en nuestro país.

 Ángelo Palominos

[1] Deuteronomio 10:18-19

[2] Salmos 146:9

[3] Jeremías 22:3

[4] Éxodo 23:9

[5] Hechos 17:26

[6] Levíticos 19:34

[7] Levíticos 24:22

[8] Deuteronomio 1:16-17

[9] Números 9:14

[10] Números 15:16

[11] Éxodo 12:49

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