Por Ángelo Palomino

Venezuela y la ayuda humanitaria. Entre una solución política y una intervención armada

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El escenario en Venezuela es ciertamente muy complejo, allí confluyen muchos actores, posiciones e intereses. Entre ellos, sus ciudadanos son quienes más sufren. Dependiendo de lo que ocurra en las siguientes horas con la ayuda humanitaria, se podrían generar las primeras condiciones para que, quizás, se baraje una posible intervención armada bajo el concepto de “responsabilidad de proteger”, aunado a una cierta legitimidad provista por una parte de la comunidad internacional.

Maduro ha rechazo enérgicamente la ayuda humanitaria, tanto con su discurso como con el cierre de fronteras y la apuesta de militares en estos sectores. Pero con la misma o mayor energía, Juan Guaidó y los países donantes han mantenido su postura. Frente a esta situación, al gobierno de Maduro se le presentan algunos cursos de acción que pueden ser decisivos para Venezuela y su pueblo.

La primera opción es que se mantenga férreo en su decisión de no dejar ingresar esta ayuda, entrando entonces en juego la vital reacción que los militares tengan con respecto a la situación, pues ellos podrían entrar en franco desacato, desobedeciendo las ordenes de Maduro al permitir la entrada de la ayuda y obedeciendo al llamado de Presidente Encargado Guaidó, quien se ha dirigido a los militares para que tomen esta opción. Por otro lado, si obedecen al gobierno de Maduro, hasta las últimas consecuencias, es muy probable que este acto de ayuda humanitaria termine en un lamentable derramamiento de sangre. Pues, en efecto, el plan de Guaidó para el ingreso de la ayuda ha provisto la considerable participación de voluntarios civiles. Más de alguien podría leer esto como el uso de estos civiles como “carne de cañón”, pero para ser equitativos, por razones obvias, no pueden hacer uso de personal de las fuerzas armadas o de seguridad.

Si esta situación llega a ocurrir, es decir, el uso de la fuerza y la violencia por parte de los soldados hacia civiles que colaboren con la ayuda humanitaria, con el resultado de numerosas muertes provocando posteriormente una mayor espiral de violencia, se generarían las primeras condiciones para una mayor condena de la comunidad internacional y la posibilidad de que se baraje una intervención armada amparada en el (difuso y cuestionado) concepto de la ONU denominado “responsabilidad de proteger”. Ciertamente, una de “las soluciones” más terrible que tendría que atravesar la sociedad venezolana.

La responsabilidad de proteger es un concepto que hace referencia a la responsabilidad que tiene todo Estado de brindar protección a su población en situaciones límite, como lo son crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra, o genocidio. Cuando el Estado no cumple (o no quiere cumplir), la comunidad internacional debe actuar subsidiariamente, utilizado la fuerza como última medida. Por esta razón, de provocarse esta inicial espiral de violencia, la posibilidad de una salida armada puede ser barajada, desde el discurso hasta la práctica de los países que están en contra del gobierno de Maduro.

Otro curso de acción posible, y que permitiría evitar lo anterior, es que Maduro permita la entrada de la ayuda humanitaria para beneficiar a la población, y que para su tranquilidad se revisen los cargamentos en busca de un supuesto armamento para la oposición venezolana, como algunos han insinuado o directamente señalado. Con todo, esta es una de las mejores opciones para evitar episodios de violencia.

Mientras tanto, en Chile algunos critican la posición chilena y las acciones mismas del Presidente planteando que esto sería intervencionismo, sin considerar que esa postura quietista colabora más con la mantención del conflicto que con una solución. Una solución política requiere justamente de una presión política, para evitar que aparezcan opciones como una intervención armada.

Por supuesto, el Presidente puede presentar motivaciones políticas propias. Hay algunas razones para pensar eso: un contexto político latinoamericano favorable, que en general ha girado a la derecha y el deseo de expandir su influencia exterior.  Después de todo, tiene el peso de una mandataria anterior que pudo hacer eso bastante bien. La decisión con respecto a Unasur puede estar en esa línea. Sin embargo, más allá de aquello, asistir a Cúcuta es una decisión correcta porque da la señal de que la salida a esta situación debe ser política y jamás violenta.

Finalmente, es claro, para el pueblo venezolano la mejor opción final es una solución política y pacífica, en donde todos los actores, posiciones e intereses no dejen de lado la protección de la dignidad humana de cada ciudadano venezolano. De ser así, un país con antecedentes de intervención armada como Estados Unidos debería evitar el abuso de su poder, como también el gobierno de Maduro debería dejar libre de una vez por todas a la nación Venezolana, no solo con nuevas y transparentes elecciones, sino que también con la disolución de su excesivo poder en el Estado y en las fuerzas militares, tanto las formales como las “informales”.

Por su parte, la iglesia no solo debe esperar que otros actores “humillen” sus propias posiciones e intereses. La iglesia venezolana debe ser la primera en orar y humillarse ante aquel que puede sanar su tierra.

 

 

Ángelo Palomino Díaz
Analista en Políticas y Asuntos Internacionales

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