Por Marcelo Alvarado

Busquemos soluciones justas. No más violencia en la Araucanía

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anarchy-152588_1280Según la OMS la violencia se define como: “el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte”.[1]

La violencia es un  fenómeno que ha estado presente en el transcurso de la historia, en diversas formas (físicas, psicológicas, estructurales, entre otras). Algunos hechos que han marcado la historia con la máxima expresión de la violencia, como lo es el derramamiento de sangre, son, por mencionar algunas, la primera y segunda guerra mundial, la guerra de las Malvinas, el holocausto, la guerra del pacifico, los femicidios. Por otro lado, también existe la violencia psicológica, la violencia contra adultos mayores y otros tipos de violencia “silenciosa” donde se denota “superioridad” tratando  a otros como inferiores con expresiones peyorativas, tales como “negros” o “cholos” en el caso de inmigrantes, o “flaites” a quienes pertenecen a determinados sectores demográficos y/o se expresan en términos no convencionales.

De acuerdo a diversos textos bíblicos, se nos advierte siempre a alejarnos del camino del perverso, del violento, a no desear sus caminos. Somos llamados a soportar, a levantar al caído, a acoger a la viuda, al enfermo, al extranjero.  El resumen de la ley es amar a Dios y amar a nuestro prójimo.

Un tema de mucha relevancia noticiosa en los últimos meses es el conflicto en la Araucanía. A continuación, algunas breves líneas históricas a modo de contextualización.

En 1866, poco tiempo después que fuimos considerados una nación independiente, se aprobaron las primeras leyes que permitían la ocupación de la Araucanía -territorio ocupado por población indígena que abarcaba toda la Patagonia Chilena y Argentina- con fines económicos (cría de ganado, explotación maderera, construcción de plantas hidroeléctricas, agricultura industrializada). La instancia generó profundas crisis, que tuvieron como expresión la violencia.  Lejos de menguar, aún existe una marcada la situación de violencia entre el Estado (también empresarios extranjeros) y residentes originarios de la zona, causado por la apropiación indebida de territorios.

En la década del 60 con la Reforma Agraria, indígenas crearon organizaciones mapuches que estuvieron presentes en el Congreso de Ercilla donde se determinó que no existía sustento legal para poder solucionar los conflictos limítrofes, lo que dio lugar a la toma de terrenos como estrategia de resolución.

Al término del gobierno militar, se promulga la ley indígena que especifica quienes pueden comprar terrenos “indígenas” y la creación de La Corporación de Desarrollo Indígena. En la actualidad es un conflicto latente que explota en forma cíclica con lamentables hechos de violencia exacerbada.

Tratando de tener una mirada neutra y distante, tenemos un pueblo que tiene sus demandas con sustento histórico, exigiendo una respuesta pronta y acorde a sus peticiones. Como contraparte tenemos al gobierno y empresarios que dan una respuesta escueta por motivos de expansión en comercios internacionales, anexo al manejo político que sectores determinados hacen de la situación.

Si observamos el comportamiento de los involucrados en hechos violentos, vemos un corazón distante de la realidad que el Padre nos da, una actitud que nos posiciona lejos de Él.

riot-41342_1280El gobernar siempre debe ser  una actitud de justicia, de amor a quien está bajo  la autoridad que Dios da, nunca sacar provecho del pueblo al que se lidera, nunca generar miedo, más bien es generar la estructura necesaria para que el pueblo crezca, de servicio, de amor hacia todos ellos, y cada uno pueda hacer manifiesto lo que el padre le ha dado. La práctica de la violencia sugiere desconocer la justicia del Padre.

Ninguna violencia es correcta, ni la violencia que proviene del Estado o de algún otro grupo. Ambas son dañinas para la sociedad, proviene de injusticias quitando la paz y tranquilidad que el Padre en su basto amor nos ha entregado.

Frente a esta situación, entendemos que la violencia no es, bajo ninguna perspectiva, la respuesta ni solución al problema, tampoco el amedrentamiento, ni el miedo que se puede observar en noticias, en redes sociales. Abrimos nuestro corazón a la paz que solo nuestro buen Dios puede dar, damos paso a soluciones de conflictos de maneja justa, a hacer crecer este país en paz para nuestros hijos, nietos y todas las generaciones  posteriores a nosotros.

Como iglesia, como cuerpo de  Cristo no podemos dejar de reflexionar: ¿Qué podemos hacer?, ¿Cuál es la solución justa para poner fin a toda esta violencia que daña nuestra tierra? Como hijos debemos ponernos a los pies de nuestro Padre en búsqueda de una respuesta, para que Él en su amor nos muestre como podemos sanar la tierra y  perdonar para ser libres, así traer paz a los corazones heridos.

 

Marcelo Alvarado Gijón
Kinesiólogo, Universidad Santo Tomás
Diplomando en Era e Ira, 
Respira Chile – U. Andrés Bello
Iquique, Chile

[1] Véase en: https://www.who.int/topics/violence/es/

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